Se da un curioso fenómeno últimamente al que he querido bautizar como "la danza europea". No sé si se debe a la situación política y económica por la que está atravesando el continente (y todo el mundo, por desgracia), o si es un mero problema de falta de atención, de profesionalidad o de cualificación, lo cual sería más grave, incluso.
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En
resumidas cuentas, la bandera europea tiene una parca
regulación (quizás demasiado) en cuanto a su uso. En lo que los
países miembros atañe, no es obligatorio que ondee en las fachadas
junto a la nacional, regional y local, salvo en edificios que acojan
instituciones con competencias pertenecientes de un modo directo a la
Unión. También se aconseja que ondee el 9 de mayo, Día de Europa,
en todos los edificios oficiales de los Estados miembros.
Por
eso, la práctica habitual, dada la optatividad de su uso y colocación, es colocarla en último lugar, si se coloca. No
obstante, y volviendo a la idea de inicio de esta reflexión, en los
últimos tiempos hay una cierta fiebre europeísta en nuestro país...
pero antinormativa y, lo que es más ridículo e inexplicable
todavía, intermitente.
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Estas imágenes de la página oficial de La Moncloa se tomaron con dos días de diferencia. ¿A qué se debe el incomprensible cambio de colocación de la bandera? |
La
ley es clara sobre la posición que ocupará la bandera de España
cuando ondee en número par junto a otra (artículo 6.2.b), y sin
embargo imágenes recientes nos presentan que este puesto de honor lo
ocupa la bandera comunitaria, relegando a un segundo lugar a la
nacional.
Pero
lo que provoca mayor perplejidad es que este criterio se usa ora sí, ora
no. Es decir, no hay una continuidad, una "jurisprudencia".
Y si a ello sumamos que este error se comete en las más altas
esferas de representación y que muchos puestos de protocolo de
instituciones de menor ámbito competencial o territorial están
ocupados por personas sin formación en estas lides, se junta
que el mal ejemplo del llamémosle "modelo a seguir", no es
corregido nunca por nadie de inferior rango (porque no
aprecian la incorrección, básicamente), perpetuando y perpetrando
tal dislate.
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A situaciones iguales, es decir, reunión con un Presidente autonómico, diferente solución en cuanto a usar o prescindir de la bandera de la Unión. |
La última novedad es que el Gobierno español solicita al Comité Olímpico Internacional que en
los inminentes Juegos Olímpicos ondee la bandera europea junto a las
de los países participantes. No sé cómo se resolverá... pero me
parece absolutamente descabellado, grotesco y rayano en lo patético
el mero hecho de proponer tal aberración. No hay que olvidar que la
Unión Europea no es la única agrupación de países, sino que
existen otras, que podrían invocar su derecho (lógicamente) a que
sus banderas también participen.
Y además, precisamente como símbolo de hermanamiento entre los países, existe un pabellón único para todos en este caso, que es la bandera olímpica. De hecho, un atleta, según los casos, puede competir, a título personal, bajo la enseña olímpica. Si se admiten las banderas de las agrupaciones de países... ¿competirá el atleta al amparo de la bandera olímpica, o de la bandera europea, de la Commonwealth, de la Organización de la Francofonía, de la Liga Árabe, de Mercosur, …?
Y además, precisamente como símbolo de hermanamiento entre los países, existe un pabellón único para todos en este caso, que es la bandera olímpica. De hecho, un atleta, según los casos, puede competir, a título personal, bajo la enseña olímpica. Si se admiten las banderas de las agrupaciones de países... ¿competirá el atleta al amparo de la bandera olímpica, o de la bandera europea, de la Commonwealth, de la Organización de la Francofonía, de la Liga Árabe, de Mercosur, …?
Mientras no exista una regulación más completa sobre el uso de los símbolos europeos, donde se establezca cómo, dónde y cuándo usarse -y cómo, dónde y cuándo NO usarse-, lo que hay que hacer es ceñirse a la que sí tenemos: respetar las precedencias que figuran reglamentadas y, sobre todo, no mezclar churras (uso de los símbolos) con merinas (como adornos o para enviar mensajes políticos distintos de aquéllos para los que fueron concebidos)
Como
siempre, en el medio está la virtud.
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