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sábado, 21 de junio de 2014

Queda proclamado Rey de España

   Amanecía el 19 de junio, y en España había ya cuatro Reyes y una Princesa de Asturias, en virtud de la Ley Orgánica 3/2014, publicada en el Boletín Oficial del Estado número 148, y sancionada y promulgada el día anterior por S.M. el Rey Juan Carlos I. Pero todavía quedaba hacer visible plásticamente la sucesión en la Corona, válida y plena juridicamente hablando, y habría de hacerse en tres sentidos: militar, institucional y civil. 

Así empezaba la emisión de los actos en canal oficial de Casa Real en Youtube

   Poco después de las 9:45 de la mañana, accedían a la Sala de Audiencias del Palacio de la Zarzuela, por este orden, S.A.R. la Infanta Dª Elena y su hijo S.E. D. Felipe de Marichalar y Borbón, S.M. la Reina Dª Sofía, S.M. la Reina Dª Letizia y sus hijas, S.A.R. la Princesa de Asturias Dª Leonor y S.A.R. la Infanta Dª Sofía, que procedieron a colocarse según criterio de precedencia lineal, en cumplimiento de la nueva regulación, según la cual la Reina Sofía se sitúa después de su nieta homónima. Absurdo e incoherente sistema, como ya se ha dicho.


S.M. el Rey D. Juan Carlos impone la Faja a su hijo,
ante la atenta mirada de su familia.

   Tras ser debidamente anunciados, y estando también de testigos el Ministro de Defensa, D. Pedro Morenés,  los cuatros Jefes de Estado Mayor (de la Defensa, de Tierra, de la Armada y del Aire) y el Director General de la Guardia Civil, hicieron su entrada el Rey D. Felipe y el Rey D. Juan Carlos. Ambos, con uniforme de Gran Etiqueta del Ejército de Tierra (con guerrera azul, en vez del verde musgo del uniforme de gala de dicho Ejército, que sí llevó D. Juan Carlos en su proclamación), portaban las placas de Grandes Cruces de la Orden de Carlos III -cuyo lazo de Gran Cruz llevaba también Dª Letizia-, y las de Mérito Militar, Mérito Naval y Mérito Aeronáutico (todas con distintivo blanco), así como la insignia al cuello de la Orden del Toisón de Oro. De todas es D. Felipe ya Gran Maestre en tanto que Rey.




Mientras en Zarzuela el Rey Felipe recibía su primera reverencia gracias a su hermana,
en la Carrera de San Jerónimo la tropa terminaba su formación y quedaba lista ya.


   El Rey Juan Carlos impuso a su hijo la Faja de Capitán General de los tres Ejércitos, y éste llevaba en cuello y puños de la guerrera las divisas de tal rango. Al terminar, mientras las autoridades militares presentes saludaban a D. Juan Carlos, D. Felipe fue a saludar a su familia. Especial mención merece Dª Elena, que hizo la reverencia a su hermano, convirtiéndola en la primera reverencia que éste recibió como Rey. Queda ya este dato para la posteridad.


El Congreso de los Diputados, engalanado para la histórica ocasión,
y los Reyes subiendo al Rolls que los llevaría allí, ornado con el nuevo banderín real.

   Tras el saludo de todas las autoridades y la preceptiva foto de familia, Dª Sofía y Dª Elena se dirigieron hacia el Congreso. Allí, en la Puerta de Floridablanca, fueron recibidas por los Presidentes de ambas Cámaras, y fueron a tomar asiento en el hemiciclo. Mientras, SS.MM. los Reyes por un lado y SS.AA.RR. la Princesa de Asturias y la Infanta por otro se dirigían hacia la Carrera de San Jerónimo en coches distintos, puesto que ya es operativa la norma que impide viajar en el mismo vehículo al Rey y a su heredera.


La matrícula con placa carmesí pero las motos todavía con el distintivo de D. Juan Carlos
y el S.M. D. Felipe recibiendo honores de Rey por primera vez.

   A pie de calle fueron recibidos por el Jefe de Estado Mayor de la Defensa, Almirante General de la Armada, S.E. D. Fernando García Sánchez,  y por el Presidente del Gobierno (de chaqué), y recibieron honores de ordenanza. Fue también la primera vez que D. Felipe tuvo honores de himno en versión larga, y pasó revista a la fuerza en formación, como Rey.


Tras pasar revista a las unidades de honores,
fueron recibidos a pie de escalinata por los anfitriones, de chaqué.

   A pie de escalinata del Congreso, engalanado para la ceremonia con el toldo de las grandes ocasiones, fueron recibidos los Reyes y sus hijas por los Presidentes de Congreso y Senado, SS.EE. D. Jesús Posada y D. Pío García-Escudero. Y ya en el vestíbulo de Isabel II, en segunda línea de saludo, estaban los Presidentes de Tribunal Constitucional y de Consejo General del Poder Judicial, SS.EE. D. Francisco Pérez de los Cobos y D. Carlos Lesmes. 


Mientras eran saludados por las máximas autoridades del Poder Judicial,
todo estaba preparado para recibirlos en el hemiciclo.

   En el hemiciclo estaba todo listo para la proclamación, incluídos los símbolos de la monarquía, sobre un cojín granate: la corona de plata dorada, mandada hacer por Carlos III en 1775, y el bastón usado como cetro, hecho en oro, plata y esmaltes rematado en bola tallada de cristal de roco, que data de mediados del siglo XVII. 


Planos frontal y oblicuo para comprobar la precedencia de los Reyes y sus hijas
y de las máximas autoridades de Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

   En tribuna de honor, la Reina Sofía y su hija Dª Elena. A su derecha, SS.AA.RR. las Infantas Dª Pilar y Dª Margarita, y el Doctor Carlos Zurita y, en segunda fila, SS.AA.RR. los Duques de Calabria y SS.MM. los Reyes de Grecia. A la izquierda, los Presidentes autonómicos y los ex-Presidentes de Gobierno. En el centro del hemiciclo, sobre la tarima erigida "ad hoc" para este acto, las butacas destinadas a los Reyes y sus hijas. A la derecha, las que ocuparían el Presidente del Gobierno, el Presidente del Congreso de los Diputados y el Presidente del Senado, y en segunda fila, los miembros de la Mesa del Congreso. A la izquierda, los Presidentes de Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo (o sea, D. Carlos Lesmes) y los miembros de la Mesa del Senado.





Todos en pie aplaudiendo a los Reyes y sus hijas,
y visión general del estrado y sus ocupantes.

   Al entrar SS.MM., y tras una primera ovación de la concurrencia puesta en pie, tomó la palabra el anfitrión, el Presidente de la Cámara Baja, que declaró abierta la sesión parlamentaria conjunta y comenzó elogiando a los hasta la víspera Jefe de Estado y consorte, que fueron aplaudidos por los presentes. En especial, cuando agradeció la labor de la Reina Sofía, ésta se tuvo que poner en pie para agradecer el cerrado aplauso. Finalizado el discurso, dijo "Ruego a Sus Señorías que se pongan en pie".


La Reina Sofía, recibiendo la ovación de todos tras la mención
del Presidente del Congreso en sus palabras de inicio de la sesión.

   La fase de juramento tuvo lugar acto seguido. S.E. el Presidente del Congreso anunció: "Señor, las Cortes Generales están reunidas para recibir el juramento que venís a prestar como Rey de España, conforme al artículo 61 de la Constitución", y sobre un ejemplar de la Constitución de 1978 puso el Rey su mano derecha y juró: "Juro desempeñar fielmente mis funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas". 




Juramento del Rey y su proclamación ante las Cortes


   Dicho esto, procedió el Presidente del Congreso a la proclamación: "Señor, las Cortes Generales acaban de recibir el juramento que Vuestra Majestad ha prestado. En cumplimiento de la Constitución, queda proclamado Rey de España Don Felipe de Borbón y Grecia, que reinará con el nombre de Felipe VI. ¡Viva el Rey!... ¡Viva España!". Y se cerró la liturgia de la proclamación con el himno nacional, a cuyo fin el Presidente del Congreso dio la palabra al Rey Felipe: "Señor, las Cortes Generales están dispuestas para escuchar el mensaje que Vuestra Majestad desee dirigir a la nación".



Todos escuchan el himno nacional tras la proclamación,
antes de que empiece el discurso del Rey Felipe VI.

   El primer discurso de D. Felipe como Rey comenzó, como no podía ser de otro modo, recordando el respeto de la Corona a las Cámaras. Tras las aplaudidas palabras de gratitud y homenaje a su padre y a su madre (que le agradeció el gesto lanzándole un beso desde la tribuna), hizo la primera mención a otros dos cambios de título que se produjeron la medianoche anterior, al agradecer los valores recibidos de sus padres y de sus profesores diciendo que "en esos mismos valores (...) la Reina y yo educamos a nuestras hijas, la Princesa de Asturias Leonor y la Infanta Sofía".



S.M. la Reina agradece las palabras de su hijo lanzándole un beso,
y, levantada ya la sesión, saluda a los que la acompañaron en Tribuna

   Otros dos momentos que me parecen muy destacables del discurso de S.M. fueron la mención a su abuelo, S.A.R. el Conde de Barcelona, y el detalle de finalizar sus palabras con el agradecimiento en los cuatro idiomas oficiales del reino: castellano, català, euskara y galego. Terminado el discurso, tras el aplauso en pie de los presentes, el Presidente de la Cámara anunció "Se levanta la sesión", y antes de abandonar los Reyes el hemiciclo se oyó un "¡Viva el Rey!" al que todos respondieron con un sonoro "¡Viva!". En tribuna, mientras tanto, la Reina saludó a sus cuñadas Dª Pilar y Dª Margarita y a su hermano Constantino de Grecia, acompañado de su esposa la Reina Ana de Dinamarca, a quienes la Infanta Elena, espléndida siempre en su actitud protocolaria, les hizo la reverencia.




Los parlamentarios saludan a los Reyes antes de salir a la escalinata,
donde los Reyes y sus hijas presiden el desfile y saludan a la bandera como se debe.


   Se ubicaron los Reyes, la Princesa de Asturias y su hermana la Infanta en el Salón de los Pasos Perdidos y allí recibieron el saludo de todos los parlamentarios asistentes, quienes iban saliendo a la escalinata del Congreso, y allí se ubicaban a la espera de la salida de SS.MM. y SS.AA.RR. Terminados los saludos, ocuparon la real pareja y sus hijas el podio desde el que presenciaron la parada militar que se hizo en su honor. Al paso de la bandera, los Reyes y sus hijas inclinaron su cabeza... pero sólo ellos cuatro. Nadie más parece saber que al paso de la bandera nacional todos han de inclinar su cabeza, y no sólo la Familia Real.



Concluído el desfile, el Rey saluda en su recorrido en coche descapotado
hacia el Palacio de Oriente, lugar de la recepción oficial que ofrece a sus invitados

   Mientras que la Reina Dª Sofía, la Infanta Dª Elena y el Rey D. Juan Carlos llegaban al Palacio Real, los Reyes hacían un recorrido por las calles de Madrid, en un Rolls descapotado, que llevaba el banderín con el nuevo emblema y matrícula de placa carmesí con corona dorada. Al entrar en el coche, la Reina entró primero e incluso se iba a sentar en el lugar destinado al Rey, pero éste la sacó de su error lo más discretamente posible, y comenzaron la andadura. El Rey realizó el paseo en pie, saludando a la multitud. 




A su llegada al Palacio Real, lo recibieron la Guardia Real
para rendirle honores de Rey, y las salvas de 21 cañonazos


   A su llegada al Palacio Real, fueron recibidos por las 21 salvas de cañón que honran al Rey, por la Guardia Real en formación para rendir honores de himno a D. Felipe, y por las campanas de Santa María la Real de la Almudena, que no paraban de redoblar para festejar la proclamación del nuevo Jefe de Estado. En los mástiles de lo alto del palacio Real ondeaban la bandera de España y el guión del nuevo Rey: escudo con las armas de los reinos de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, escusón de la dinastía Borbón, al timbre la corona real y rodeando el collar de la Orden del Toisón de Oro. No hay ya cruz de Borgoña ni yugo ni flechas, como en el de D. Juan Carlos.



Sobre el Palacio ondeaban la bandera de España y el emblema del Rey Felipe,
y las campanas de la Catedral de la Almudena tañían sin descanso.

   Al poco tiempo, salió al balcón S.M. el Rey Felipe a saludar, seguido de su mujer, y más tarde de sus hijas. Cuando estaban los cuatro saludando, se sumaron los Reyes Juan Carlos y Sofía, para regocijo del público, que aumentó la intensidad de sus vítores. Se intercambiaron besos familiares antes de que los Reyes, y luego sus nietas, abandonasen el balcón. Por último, se retiró también la Reina Letizia dejando al Rey dar su saludo en solitario como Jefe de Estado. 




Saludo de los Reyes Felipe y Letizia desde el Balcón Central del Palacio,
a los que se sumaron sus hijas y los Reyes Juan Carlos y Sofía 


   En el Salón del Trono del Palacio Real tuvo lugar el besamanos de los más de 2000 invitados a la recepción oficial. Encabezó la línea de saludos el Presidente del Gobierno. Como siempre, los atuendos de algunos invitados era más que discutible, y no hablemos ya de la manera de hacer la reverencia de muchos de ellos. Es triste que altas personalidades no sepan saludar como es debido. Correcto si no quieren hacer reverencia, pero la cortesía, caballerosidad, la elegancia, no están reñidas con la ideología... o no deberían estarlo.



Las tres generaciones saludando desde el balcón,
y comienzo del besamanos previo a la recepción oficial.

   Como puntos negativos, considero el vestido de la Reina Letizia (y su peinado), demasiado normales para un acto donde su marido es proclamado Rey y él lleva traje de Gran Etiqueta y condecoraciones de placa y banda. No habría estado de más un vestido largo como el de la última recepción al Cuerpo Diplomático, por ejemplo, teniendo en cuenta que ahí su marido llevaba chaqué, incluso, es decir, sin condecoraciones. Y otro error fue la excesiva presencia del Presidente del Gobierno, recibiendo a los Reyes antes que los anfitriones, Presidentes de las Cámaras Legislativas, y desplazando a éstos en el estrado dentro del hemiciclo, pese a que era un acto estrictamente parlamentario. Nuevamente, excesivo celo y atenciones maternales de la Reina a sus hijas que restaron naturalidad a las niñas, y transmitían tensión innecesariamente. 



Éstos son los seis miembros de la Familia Real.
Todos los demás son, en su caso, Familia del Rey.


   Por otro lado, la ceremonia fue solemne, digna, correcta y protocolariamente adecuada. Los aplausos no hicieron sino aumentar la carga simbólica de tan señalada jornada, y los gestos cariñosos (sobre todo, de la Reina Sofía y la Infanta Elena) otorgaron el punto humano que tan bien vienen a estas ceremonias donde todo está pautado y se podría caer en la frialdad o automatismo institucionales.

   Como siempre, en el medio está la virtud.


Imágenes de Casa Real





   

lunes, 16 de junio de 2014

Historia, a trompicones, de una abdicación


   Desde el 2 de junio estamos todos (me refiero, sobre todo, a mis colegas protocolistas) en vilo por saber qué, cómo, cuándo, dónde pasará todo lo relacionado con la abdicación de S.M. Juan Carlos I y la proclamación de S.A.R el Príncipe de Asturias como nuevo Rey de España. 


   Y tan ansiosos estamos que faltamos mucho a la prudencia y al rigor que tanto deben caracterizar nuestra profesión. Y, si se me permite decirlo, lo hacemos sin necesidad: sólo por el ansia de "dar la exclusiva". Porque una cosa es opinar sobre lo que está pasando, y otra aventurarse a soltar datos sin orden ni concierto sobre cosas por pasar y que interesan a aspectos tan importantes de una institución que merece un título propio en nuestra Carta Magna. Pero el propio devenir de los acontecimientos es revelador, por suerte, y va dejando las cosas claras, de un modo más o menos satisfactorio según nuestro modo de ver, pero por lo menos quedan claras. Y se ha visto cuán errados estábamos con algunas conjeturas o informaciones. Y es que nos habíamos olvidado (y seguiremos haciéndolo, seguramente, dada la trascendencia del momento, que nos lleva a convertirnos en guionistas que nada tienen que envidiar a los más galardonados de Hollywood) de un proverbio incontestable y que tan necesario es cuando la excitación general es tanta: "La paciencia es la madre de la ciencia".


Mensaje de abdicación de S.M. el Rey Juan Carlos.
En las fotografías que lo acompañaron, la imagen del futuro y la del recuerdo dinástico.

   Dicho esto, y tras haber esperado a tener normativa concreta al respecto, con los datos ya sobre la mesa, procedo a dar mi humilde opinión sobre los mismos:


- Mensaje del Rey. Se ha criticado al Rey por no transmitir emoción durante su anuncio de la abdicación por televisión. No sé qué pretendía la gente. Quizás estamos acostumbrados a ver deportistas que lloran cuando anuncian su retirada definitva, pero... es que aquí estamos hablando de un Jefe de Estado que se ha criado y educado para serlo. Agradezco mucho la actitud del Rey: diciendo muchísimo en tan poco, hablando serenamente, transmitiendo firmeza en su decisión, haciendo memoria obligada de su padre y su esposa, y contagiando tranquilidad ante el cambio que se avecina. Impecables las dos fotografías y su colocación. El único fallo, el de siempre: absolutamente innecesaria la bandera de la Unión Europea. 


- Ley Orgánica sobre la abdicación. La abdicación es decisión personalísima del Rey y por tanto efectiva simplemente en virtud de la voluntad de abdicar de éste, aunque por imperativo constitucional es necesario que una Ley Orgánica la regule. Entiendo que es por criterio de seguridad jurídica, para saber exactamente el momento en que el padre deja de ser Rey y lo es ya el hijo. Por eso tampoco era necesario que la Ley Orgánica entrase a modificar normas que hoy día tienen rango reglamentario, ni siquiera legal, como las que rigen las precedencias (R.D. 2099/1983) y los tratamientos de la Familia Real (R.D. 1368/1987), que se modifican fácilmente por el Gobierno, como así ha sido.

Imagen de la proclamación de D. Juan Carlos donde se ve la ubicación de la Familia Real



- Título y tratamiento de los actuales Reyes. Se llegó a decir que pasarían a tener tratamiento de Alteza Real y título de Condes de Barcelona, aplicando por analogía lo sucedido con D.Juan y Dª María de las Mercedes. Diferencia notable: aunque a mí me encante que a D.Juan se le llame Juan III, la realidad histórica es que no abdicó (porque sólo abdica quien detenta la corona), sino que renunció a sus derechos dinásticos heredados de su padre S.M. Alfonso XIII en favor de su hijo Juan Carlos, pero sin haber sido nunca Rey. Así pues, la decisión final de que D. Juan Carlos y Dª Sofía sigan siendo Reyes con tratamiento de Majestad es la única opción posible. Cualquier otra habría sido injusta, sobre todo, para la Reina, que, de haber quedado viuda, seguiría siendo S.M. la Reina Sofía hasta su muerte o segundas nupcias. No habría sido coherente que la decisión de su marido la llevara a ella a perder ese privilegio.



- Honores a los actuales Reyes. SS.MM. D. Juan Carlos y Dª Sofía tendrán derecho a los mismos honores que la heredera a la Corona (arma presentada, himno en versión breve, 19 cañonazos de salvas y cinco voces de "Viva España"). Muchos se han llevado las manos a la cabeza, y no entiendo por qué. Hay que distinguir: aunque sean Reyes, ya no ostentan funciones constitucionales, no ejercen la Jefatura del Estado, y ello ha de verse reflejado en los honores militares. Así, sólo queda con honores de himno en versión larga, 21 cañonazos de salvas y siete voces de "Viva España" el Rey, el Jefe del Estado.

SS.MM. sobre estrado de honores, durante el último día de la Fuerzas Armadas.
Fue el último acto de D. Juan Carlos como Jefe de los tres Ejércitos.



- Precedencia de los actuales Reyes. Se estipula que su ubicación será inmediatamente posterior a la de los descendientes del nuevo Rey Felipe. Encuentro que es un error de bulto. Si atendemos a los honores militares y al tratamiento de Majestad, deberían ir ubicados justo antes o después de Dª Leonor, la nueva Princesa de Asturias, pero no después de la Infanta Dª Sofía (que recibe menores honores y tiene tratamiento de Alteza Real). Incluso en Holanda, donde la antigua Reina Beatriz pasó a ser princesa (no mantuvo el título y honores de reina), la abuela se sitúa por detrás de su nieta heredera al trono, pero por delante de las otras hermanas de ésta. Así pues, en el caso que se ha regulado en España, me parece una incoherencia tremenda o, como decimos vehemente y elocuentemente en mi tierra, "unha trapallada".


- Proclamación ante las Cortes. No es entronización, no es coronación, no es investidura. Aunque el Rey Felipe sea proclamado como tal ante las Cortes Generales en la mañana del jueves 19, él habrá sido ya Rey desde la medianoche, puesto que tal proclamación no es constitutiva ni perfeccionadora, sino meramente formal. Él es Rey desde que su padre abdica, y dicha abdicación entra en vigor un minuto después de las 23:59 horas del día 18. Tomando la frase de Cánovas del Castillo que tan bien recoge mi querida Dolores del Mar Sánchez en su fenomenal artículo, "El Rey no jura para serlo, sino por serlo". 

Beatriz de Holanda, después de su nieta mayor en precedencia,
pero antes que las nietas menores.



- Ausencia del Rey Juan Carlos en la ceremonia de proclamación. El Rey no asistirá para dejar todo el protagonismo a su hijo. Es discutible. Tenemos el ejemplo de Bélgica, donde el Rey Alberto sí estuvo presente en la jura de su hijo Felipe, y no le robó protagonismo, aun conservando el título de Rey y el tratamiento de Majestad, como será el caso de España. Pienso más bien en un homenaje privado de Juan Carlos a su padre, o incluso en que está harto ya de aparecer en grandes actos de Estado con las muletas. A mi modo de ver, siendo honestos, también influye el hecho de que en Bélgica (y en Holanda) el rey saliente firmó el acta de abdicación el mismo día que la investidura, mientras que aquí el Rey Juan Carlos ha cumplido ya la víspera, por así decirlo. 

- Etiqueta. Se supone que el chaqué será optativo para los miembros de las Cortes, porque hay quien ha protestado. Aunque me entristece que no se sepa estar a la altura de las circunstancias, sin embargo he asumido que las formas se pierden (si no están perdidas del todo ya) y que la solemnidad y la dignidad no están bien vistas. Creo que el asistir a un cambio en la Jefatura del Estado merece una indumentaria acorde, pero será cosa mía... no sé.


Jura de la Constitución por S.A.R el Príncipe de Asturias, a su mayoría de edad.
Todos los presentes, de chaqué. 



- Jura de la Constitución. Se compara con la proclamación de D. Juan Carlos hace casi 40 años, y se encuentran diferencias lógicas. No habrá simbología religiosa, porque esta vez la proclamación tiene lugar con una Constitución en vigor que declara la aconfesionalidad del Estado. Sin embargo, el Rey es también Capitán General de los tres Ejércitos, y ello ha de verse reflejado. Se dice que si el Rey jura vestido de militar será un error, y a mí me parece lo contrario: como cargo supremo de las Fuerzas Armadas está jurando acatamiento a la Constitución y al ordenamiento jurídico, de tal modo que todos sus subordinados quedan obligados también a ello en virtud del deber de disciplina.

   En general, encuentro un barullo mental en la prensa y los comentaristas, que confunden una abdicación y una proclamación con un espectáculo de varietés, y se paran más en el detallito, en la cursilada, en la "amarrosada", que en el acto general de sucesión de la corona. Un Rey abdica, y el Príncipe heredero asume la Corona y, con ella, la Jefatura del Estado y las atribuciones constitucionales que de ella derivan. Ni más, ni menos.






   Como siempre, en el medio está la virtud.



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