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domingo, 22 de mayo de 2016

Kungens Födelsedag.

   Ha habido una racha de fines de semana en que Estocolmo fue una ciudad tomada por la música. El anterior sábado se celebró el LXI Festival de Eurovisión (era la sexta vez que tenía lugar en Suecia), el domingo 15 de mayo comenzaban las galas eurovisivas con la ceremonia de apertura del festival, y el 30 de abril habían tenido lugar los festejos para celebrar el 70º cumpleaños de "Hans Majestät Konung Carl XVI Gustaf", el cumpleaños del rey que da título a esta entrada y que estuvo también caracterizado por el protagonismo de la música.


Fantástico día en Estocolmo para realizar tranquilamente los festejos.
Interior de la Capilla Real, escenario del "Te Deum".

   Comenzaban las celebraciones a las 10:00 de la mañana en la ya por nosotros conocida Slottskyrkan (Capilla Real) del Kungliga Slottet (Palacio Real), con un "Te Deum" al que asistió la familia del rey, que ocupó los sitios de honor del lado del Evangelio; y muchos representantes de otras casas reales, entre ellos, SS.MM. los Reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía, ubicados en los sitios de honor del lado de la Epístola. La etiqueta del acto indicaba traje oscuro para los caballeros y traje corto para las damas.


Los Reyes de Suecia, los últimos en entrar, seguidos del oficiante.
Colocación de los representantes de las casas reales asistentes.

   Tras haber tomado asiento todos los invitados, hicieron su entrada, por riguroso orden de precedencia creciente, Deres Kungliga Högheter (SS.AA.RR):
- la Princesa Magdalena, Hertiginna av Hälsingland och Gästrikland (Duquesa de Hälsingland y Gästrikland)  y su marido, Chris O'Neill.
- el Príncipe Carlos Felipe, Hertig av Värmland (Duque de Värmland) y su esposa, Sofía Hellqvist, en su primera aparición tras haber dado a luz.
- la Kronprinsessan (Princesa heredera) Victoria, Hertiginna av Västergötland (Duquesa de Västergötland), su marido, Daniel Westling, y su hija la Princesa Estelle, Hertiginna av Östergötland (Duquesa de  Östergötland).


Palabras del Presidente del Parlamento, y familia de la princesa heredera.
Precioso el mini-butacón para la Princesa Estelle.

   Cerrando la comitiva y al son de una fanfarria, entraron Deres Majestäter Konungen och Drottningen (SS.MM el Rey y la Reina), que tomaron asiento en los sitios más cercanos al presbiterio, y el ministro oficiante. El homenajeado llevaba uniforme militar y sus condecoraciones, por este orden, de Gran Maestre de la Orden de los Serafines, de Gran Maestre de la Real Orden Familiar de Carlos XVI Gustavo, y las tres al Mérito Militar de cada uno de los tres ejércitos de Suecia de tierra, mar y aire. 


Finalizado el Te Deum, los invitados abandonan la Capilla Real.
El Rey se dirige hacia el podium para los honores.

   Dentro de las casas reales, la precedencia fue la siguiente: primeros los monarcas en activo (Margarita y Enrique de Dinamarca, y Alberto de Mónaco), después los ex-monarcas (Juan Carlos y Sofía de España), después jefes de casas reales no reinantes (Simeón y Margarita de Bulgaria), los príncipes herederos de Suecia, príncipes de otras casas reales (Alejandro y Catalina de Serbia, Hisako Takamado de Japón y Luis y Sofía de Liechtenstein), y príncipes de Suecia.


El Rey a la espera de los honores a la bandera y a sí mismo.
Los invitados, antes de tomar asiento, aprovechan para saludarse.

   Hasta seis piezas religiosas se cantaron a lo largo del oficio, ya por el coro, ya por todos los asistentes puestos en pie. Entre unas otras, además de las preceptivas oraciones, la salutación y felicitación del Talman Riksgaden (el Presidente del Parlamento sueco).


Primero, saludo a la bandera de Suecia, mirándola.
Después, honores al Rey, todos mirando al frente.

   Tras la ceremonia religiosa, los invitados fueron abandonando la capilla por orden inverso al de llegada, comenzando por la pareja real. El siguiente acto, previsto para las 11:25, tendría lugar en el Yttre Borggården (Patio exterior) del Palacio, y consistiría en la rendición de honores al monarca y el högvaktsavlösning (cambio solemne de Guardia). A este acto acudió también S.A.R. la Princesa Beatriz de Holanda.


La familia real sueca, presenciando el solemne cambio de guardia.

   Mientras se preparaba todo, la banda militar interpretó pieza tras pieza para amenizar la espera al público allí congregado. Incluso interpretaron "Dancing Queen" de Abba. Con la unidad ya en formación, el Rey pasó revista y tomó posesión del podio de honores (de un color azul igual que el de la bandera de Suecia) y, tras el saludo a la bandera, mirándola, y los tres "hurras" gritados en su honor, sonó el himno para honrar al Jefe de Estado, todos con la mirada al frente. Tanto en los honores a la bandera como en los honores al rey, la tropa se mantuvo en posición de arma presentada.


Los invitados observan la ofrenda de 70 ramos al rey Carlos Gustavo.

   Se produjo el cambio de guardia, donde una unidad del Ejército fue sustituída por otra de la Guardia Real, con uniformes de un tono azul más claro. Y terminado este momento, tuvo lugar una ofrenda floral a Carlos Gustavo en la que setenta niños le entregaron setenta flores o pequeños ramos, uno por cada año que cumplía aquél. 


En el preciso momento en que finalizó el desfile de la Caballería de la Guardia Real
se dispararon 21 salvas de cañón, justamente a las 12.

   Una vez retirada la tropa, comenzó el desfile ecuestre de Caballería. Dicho desfile terminó pocos instantes antes de las 12:00, momento en que, con puntualidad milimétrica, se dispararon 21 salvas de cañón desde la isla de Skeppsholmen, que se encuentra frente al palacio real.


La inmensa coral popular, preparada al pie de la balconada de la terraza del León
para comenzar su recital en honor al Rey de Suecia.

   Un cuarto de hora más tarde, los invitados acudieron a la terraza de Lejonbacken (la Rampa del León) para asisitir a la sångarhyllning (actuación de una multitudinaria coral), desde la que le cantaron al Rey varias piezas, agitando banderas y haciendo pequeñas coreografías. 


La familia real y el resto de invitados, presenciando la marea musical.
Protagonismo indiscutido del Príncipe Oscar en brazos de su madre, la Princesa Victoria.

   Aparición estelar la de la heredera al trono llevando en brazos a su recién nacido benjamín, Hans Kunglig Höghet Prins Oscar, Hertig av Skåne (S.A.R. el Príncipe Óscar, Duque de Escania), de dos meses de edad. 


Tras el divertido discurso de agradicimiento del rey,
las familias reales aprovechan para sacarse fotos.


Acabado el repertorio, el rey agradeció el musical obsequio, en medio de chanzas que hicieron reír a quienes le habían estado cantando, y se retiró junto a la Reina Silvia. Al final de este acto se incorporaron a las celebraciones SS.AA.RR. los Príncipes Federico y Mary de Dinamarca o Margarita de Rumanía. Preciosos instantes de confraternización donde los padres presumieron de hijos y los padrinos de ahijados, como el caso de la Princesa Mary de Dinamarca, madrina de la Princesa Estelle de Suecia.


Mientras los invitados van llegando ya al Ayuntamiento de Estocolmo,
los reyes comienzan su cortejo en carroza tirada por seis caballos.

   Acto seguido, los invitados se fueron marchando hacia el Stadhuset (el Ayuntamiento), en cuyo Blå Hallen (Salón Azul) tendría lugar el almuerzo. Los Reyes, no obstante, se dirigieron hacia allí en cortejo solemne, en una carroza con tiro de seis caballos, y escoltados por miembros de Caballería de la Guardia Real.


El cortejo, durante el recorrido, y entrando ya en el patio del Ayuntamiento

   Al llegar los Reyes, todos los invitados los recibieron con tres "hurras", un coro gospel cantó en honor del monarca la canción "All you need is love" y después hubo un brindis para felicitar al rey por su heptagésimo aniversario.
 

Los reyes, recibidos a la puerta del ayuntamiento,
y ya en el Salón Azul, con el resto de invitados.

   Tras el almuerzo, los Reyes recibieron en el Palacio Real a los miembros del Riksdag (Parlamento) y del Regeringe (Gobierno). Por último, el banquete ofrecido ya de noche en el Rikssalen (Salón de Estado), donde la etiqueta era, curiosamente, vestido largo y diademas para las damas y sin embargo esmóquin con corbata de lazo negra para ellos. Como obsequio, el Rey regaló a los asistentes unas insignias para ellos o lazos para ellas conmemorativos de esa celebración.


Los invitados, en pleno brindis de felicitación al monarca,
y los Reyes Margarita y Carlos Gustavo al entrar al banquete, de noche.

   En definitiva, unos actos marcados por la relajación, la camaradería y la música, con ceremonias obligadas, como la rendición de honores militares al Jefe de Estado, pero incluso así amenizadas por melodías y ritmos distendidos. Muchas imágenes de familiaridad entre los herederos y príncipes, que auguran una buena y divertida complicidad entre las casas reales del norte de Europa.

   Como siempre, en el medio está la virtud.
   
Imágenes de SVT

   

   

sábado, 23 de abril de 2016

Mucho ruído... y protocolo también.

   Acepto el reto de ProtocolBloggersPoint. Ya que se honra a los máximos exponentes de los idiomas español e inglés, he intentado encontrar pasajes donde se trate el ceremonial, pero también se dé una conexión entre ambas naciones. Como en Gabinete de Protocolo se me han adelantado para mencionar una de las "Novelas Ejemplares" de Cervantes que cumpliría perfectamente ese cometido, "La española inglesa", he meditado un poco más y recordé que en la hilarante y mordaz "Mucho ruido y pocas nueces", dos príncipes de Aragón son elegidos por el dramaturgo inglés para formar parte de su elenco.

Hoy se conmemora el cuarto centenario de la muerte de ambos genios de la literatura universal.

   Así pues, primera intención cumplida. Sólo resta encontrar momentos o referencias protocolarios y ceremoniosos, para satisfacer el citado desafío planteado por "las pebeperas". No hay demasiados, y no están profusamente descritos, al tratarse de una obra de teatro en vez de una novela, pero algunos podemos encontrar.

   - El recibimiento: Dos príncipes de Aragón llegan a casa del gobernador de Mesina (Sicilia) y éste sale de su morada a recibirlos, como aconseja la dignidad de aquéllos.

MENSAJERO.—Don Pedro se acerca. 
(Entran DON PEDRO, DON JUAN, CLAUDIO, BENEDICTO, BALTASAR y otros). 
DON PEDRO.—Querido signior Leonato, salís al encuentro de vuestra incomodidad. La costumbre del mundo es evitar gastos, y vos vais en busca de ellos. 
LEONATO.—Jamás entró en mi casa la incomodidad en figura de vuestra gracia, pues cuando la incomodidad se marcha, el bienestar se queda; pero cuando vos me abandonáis, la tristeza permanece y la ventura es la que nos da su adiós. 
DON PEDRO.—Aceptáis vuestra carga demasiado gustosamente.

Primera página de la edición de 1600


   - La precedencia: El gobernador, como anfitrión, quiere ceder la entrada primero a su ilustre visitante, quien declina el privilegio y opta por que entren juntos.

DON PEDRO.—He aquí el resumen de todo, Leonato: signior Claudio y vos, signior Benedicto, mi querido amigo Leonato nos invita a todos. Le he comunicado que nos quedaremos aquí un mes cuando menos y él desea cordialmente que algún acontecimiento prolongue nuestra estancia. Me atrevo a afirmar que no es hipócrita, sino que lo desea de corazón. 
LEONATO.—Si lo jurarais, señor, no juraríais en falso. (a DON JUAN.) Permitidme que os dé la bienvenida, señor. Habiéndoos reconciliado con el príncipe vuestro hermano, os debo toda clase de atenciones. 
DON JUAN.—Os lo agradezco. No soy hombre de muchas palabras, pero os lo agradezco. 
LEONATO.—¿Place a vuestra gracia pasar el primero? 
DON PEDRO.—Vuestra mano, Leonato; pasaremos a la vez. 

Un baile de disfraces en honor de los ilustres invitados da comienzo al enredo.
Escena de la película de MGM.

   - Los tratamientos: al príncipe de Aragón, ya hemos visto, le llaman "Vuestra gracia", pero también, lógicamente, "Vuestra alteza". A Claudio se le llama directamente "conde" y al gobernador, "signior".

(Vuelve a entrar DON PEDRO). 
DON PEDRO.—¿Qué secreto os detiene aquí que no habéis acompañado a Leonato a su casa? BENEDICTO.—Quisiera que vuestra alteza me constriñese a hablar. 
DON PEDRO.—Te lo ordeno por tu obediencia de súbdito. 
BENEDICTO.—Ya lo oís, conde Claudio. Puedo guardar un secreto como un mudo; estad convencido de ello. Pero la obediencia... Fijaos bien; se trata de la obediencia... Está enamorado. ¿De quién? Eso es lo que debe preguntarme ahora vuestra gracia. Advertid cuán breve es la respuesta: de Hero, la hija menor de Leonato.

"Claudio, deceived by Don John, acuses Hero"
Marcus C. Stone
 
  - Etiqueta nupcial: se describe perfectamente el vestido de novia de Hero.

MARGARITA.—Hallaría precioso este nuevo añadido, si el cabello fuera un poco más oscuro. En cuanto al vestido, a fe que está confeccionado a la última moda. He visto el de la duquesa de Milán, que tanto ensalzan. 
HERO.—¡Oh! Dicen que excede a toda ponderación. 
MARGARITA.—Por mi fe, es una bata de noche al lado del vuestro: tela de brocado, acuchillada, con pasamano de plata, guarnecida de perlas, con manga al costado y manga perdida; la falda, orlada con brocadillo azulado; pero en cuanto al corte fino, singular, gracioso y elegante, el vuestro es diez veces preferible. 
HERO.—¡Dios me dé alegría para lucirlo! 

Diseño de vestuario para el vestido de novia de Hero.
Shakespeare Company.

   - Cortejo nupcial: los novios no llegan por separado a la iglesia, sino que los caballeros vienen a recoger a la novia a su casa y luego van todos hacia el templo.

ÚRSULA.—Daos prisa, señora. El príncipe, el conde, el signior Benedicto, don Juan y todos los galanes de la ciudad vienen por vos para llevaros a la iglesia. 
HERO.—Ayudadme a vestir, querida prima, querida Marga, querida Úrsula. (Salen.) 
(Entra un MENSAJERO.) 
MENSAJERO.—Señor, os aguardan para que entreguéis vuestra hija a su esposo. 
LEONATO.—A sus órdenes. Voy ahora mismo. (Salen LEONATO y el MENSAJERO.) 

Boda de Claudio y Hero. La presencia de Don Juan (Keanu Reeves) es clave.

   - Protocolo funerario: para que el conde Claudio le devuelva la conducta póstumamente a Hero, queda claro cómo ha de hacerse. Primero, panegírico reparador de su honra y después, himno solemne. Al llegar el alba, se termina la vigilia por Hero.

(Interior de una iglesia. Entran DON PEDRO, CLAUDIO y acompañantes, con música y cirios.) 
CLAUDIO.—¿Es éste el mausoleo de Leonato? 
UN SEÑOR.—Éste es, señor. 
CLAUDIO.—(Leyendo un rollo.) Muerta por lenguas calumniadoras fue la Hero que aquí yace: la muerte, en recompensa con sus agravios, le otorga fama inmortal. Así, la vida que murió con la infamia, vive en la muerte con fama gloriosa. Pende aquí, sobre la tumba, para loarla cuando yo enmudezca. Ahora, músicos, tocad y cantad vuestro himno solemne.
CANCIÓN Perdona, diosa de la noche, a aquellos que mataron a tu doncella andante; por ello con cantos de dolor se reúnen en torno de su tumba. Medianoche, asóciate a nuestros lamentos; ayúdanos a suspirar y a gemir, tristemente, tristemente. Tumbas, abríos y ceded vuestros muertos, hasta que la muerte sea manifestada, tristemente, tristemente. Ahora, ¡buenas noches a tus restos! Todos los años cumpliré este rito fúnebre. 
DON PEDRO.—Buenos días, maeses. Apagad vuestras antorchas. Los lobos han hecho ya sus presas, y, mirad, el día gentil, nuncio de las ruedas de Febo, varetea de manchas grises el Oriente adormecido. Gracias a todos, y dejadnos. 

"The penitent Claudio, Don Pedro, etc. at the supposed tomb of Hero".
Alexandre Bida.

   - Reverencia: dejo para el final una de las más icónicas parrafadas de Beatriz, donde, además, se trata la reverencia que hará la hija a su padre, respondiendo a sus consejos. Un tanto irónicamente, eso sí.

ANTONIO.—(a HERO.) Bueno, sobrina; confío en que os dejaréis guiar por vuestro padre. 
BEATRIZ.—Sí, a fe; el deber de mi prima es hacer una reverencia y decir: «Como os guste, padre». Pero, sobre todo, prima, que sea buen mozo; o de lo contrario, haced otra reverencia y decid: «Padre, como a mí me guste». 

"Beatrice overhears Hero and Ursula"
John E. Sutcliffe.

   Así pues, incluso en una comedia romántica de enredo con tintes de melodrama y donde lo más abundante son los diálogos lacerantes entre Benedicto y Beatriz, no se puede evitar encontrar alguna que otra pincelada protocolaria. Otro atractivo más para adentrarse en su trama.

   En cualquier caso, lo importante es disfrutar de las obras, clásicas o no, cómicas o no, puesto que todas son cultura y proporcionan unos niveles de entretenimiento más allá de toda duda. Y no han sido pocos los que han encontrado su vocación leyendo un libro. Sin ir más lejos, mi devoción por el mundo protocolario nació con "El protocolo hoy" de María Rosa Marchesi, como ya he dicho infinidad de veces. Así pues... ¡feliz Día del Libro, y felices momentos en compañía de nutridas páginas!

   Como siempre, en el medio está la virtud.

Imágenes de Google.





sábado, 25 de enero de 2014

Gajes del oficio

   Piensen en un espacio que sientan exclusivamente suyo. Para una persona que viva sola es fácil, puesto que suele ser su propio domicilio. Para el que viva en familia, en cambio, ya se estrecha un poco más la lista de opciones, y generalmente se trata de su dormitorio o su coche. Pues bien, ahora analicen qué es lo que suelen hacer en ese espacio personalísimo: ponerse pantuflas o ropa cómoda nada más llegar, encender la radio o la televisión, apagar todas las luces salvo una pequeña lámpara de lectura, dejar la ropa de abrigo desperdigada por el salón o el asiento trasero, poner ambientadores o inciensos cuyo olor disfrutan, ... ¡Y qué relajo da saber que se pueden hacer alguna de esas cosas (o todas) porque, total, estamos sólo nosotros!

La comodidad del hogar, ha de dejarse a un lado cuando se ejerce de anfitrión.

   Sí, pero las reglas cambian cuando hay alguien más. Sobre todo, si estaba ya previsto que ese alguien efectivamente estaría. Se trata de no poder permitirnos esos pequeños placeres que ya hacemos maquinalmente y en los que rara vez reparamos, porque son costumbre inveterada. "Esto es de Perogrullo", estarán pensando. Sin embargo, para mi sorpresa, he podido comprobar en un corto período de tiempo, que no está tan claro. 

   Hace poco, un anfritrión entró en su casa con sus invitados y lo primero que hizo fue encender la televisión. No se sentó a verla (¡sólo faltaba!), pero sí la dejó encendida mientras estaba departiendo con los demás. Y no anuló el volumen, simplemente lo bajó. Si necesita de modo imperioso tener sonido ambiente, le aconsejo que no encienda la televisión, sino el reproductor musical que tenga, con piezas instrumentales, sin letra. Y, a poder ser, hágalo de un modo discreto, no en plenas narices de sus invitados, quienes sentirán al punto que la conversación que le puedan dar no será suficiente para Usted.

Las pantuflas, pijamas, pantalones de chándal, etc.
NUNCA deben ser parte del atuendo del anfitrión

   Otro caso que se dio fue el de una pareja que recibió a los demás en pantuflas. Ante la mirada y comentario jocoso de los recién llegados, lanzaron un poderosísimo argumento: "Es que siempre nos ponemos así en casa", seguido de una risita despreocupada. Esto habría estado más que bien si la visita no fuese esperada, lógicamente, pero no si está programada desde una semana antes, con cena y todo, como era el caso. ¿Qué se consigue con eso? Que los demás sientan que no son más que estorbo para la comodidad de los anfitriones, que están molestando. Y que estén todo el tiempo pensando en sus propias pantuflas, que tanto les gustaría tener puestas en ese momento. Como técnica para que los invitados se vayan pronto, es eficacísima, pero suponemos que un anfitrión no busca eso, porque, en tal caso, que no invite ni organice cena alguna... es decir, que si no quiere ser anfitrión con todo lo que eso conlleva, que no lo sea en absoluto.

Carey Mulligan y Peter Sarsgaard en "An education" (2009)

   Y ahora viene el coche, el "sancta sanctorum" de mucha gente que se ve obligada a ejercer puntualmente (o no tan puntualmente) de taxista. Y aquí sí que los hábitos se multiplican. Protocolariamente, la primera parte se suele cumplir, es decir, el que va a recoger a alguien, se baja del coche, lo saluda, le abre la puerta o coloca el equipaje en el maletero e inician la marcha. El problema es que, además de hacer las veces de chófer, también se es anfitrión del vehículo y ha de guardarse un respeto a los demás pasajeros. Si hay confianza, no hay problema, porque los demás le dirán al chófer las quejas que tienen, pero si no la hay, el cuidado y consideración han de multiplicarse. Así, habrá que preguntar si los demás tienen calor antes de abrir la ventanilla, o si tienen frío antes de poner la calefacción, ya que hay gente que se marea más fácilmente si hace calor en el interior del coche. Y con respecto a la radio, ni que decir tiene que, salvo que los demás lo pidan, está prohibida: ¡hay que hablar!... o demostrar que se ha intentado, al menos.

El humo de tabaco NO es un buen ambientador para un acto social

   Y en ambos casos, coche y casa, hay un tema especialmente peliagudo: fumar. Desde que se ha prohibido fumar en lugares públicos, los fumadores consideran su casa y su coche como el último reducto donde poder disfrutar de su vicio cómodamente y no a la intemperie. Y cuando viene un no-fumador a casa o hay que recogerlo o llevarlo en coche, la tensión se corta con cuchillo, y las ganas de fumar aumentan. Siempre se ha dicho que "antes de fumar, pregunta si molesta a los presentes", para quedar bien y poder fumar legítimamente, ya que nadie se opondrá, siquiera sea por compasión o educación. Pero eso es una artimaña demasiado sencilla y manida para un buen anfitrión o un buen invitado que tenga a gala serlo. No, lo que hay que hacer es esperar hasta después de los postres, y remarquemos el "después de". Mientras haya un solo comensal degustando el postre, el humo seguirá siendo enemigo del paladar. Se espera uno al café y ya está. Y en el coche, asumiendo que el trayecto será de corto recorrido (hasta media hora o cuarenta y cinco minutos) tampoco se puede fumar. 

   En resumidas cuentas, si se quiere ser anfitrión, habrá que tener cuidado con estas cosas, además de con la gran infraestructura de organización y decoración, reserva de cáterin, o limpieza del coche antes de recoger a nadie. Y de hecho, tanta dedicación se otorga a éstas, que se descuidan aquéllas, que la mayor parte del tiempo, se acaban revelando como el verdadero sacrificio de un anfitrión, los verdaderos gajes del oficio.

   Como siempre, en el medio está la virtud.
   

Imágenes de Google


 

jueves, 30 de mayo de 2013

La gentileza heráldica de un monarca

   Hoy es 30 de mayo, festividad de San Fernando III, rey de Castilla y de León. Pero este soberano no fue sólo relevante a los ojos de la Iglesia por su conducta piadosa y fervorosa. Fue, según el juicio de la Historia, un muy buen rey. Incluso sus enemigos reconocieron su valía y lloraron su muerte, llegando incluso a acudir al sepelio una representación de los reinos moros que estaban en pugna por los territorios del sur de la península.

Sepulcro de Fernando III en la Catedral de Sevilla

   Pero lo que nos importa en este momento de este personaje es su aportación a la heráldica, en tanto que inventor del escudo cuartelado. Tradicionalmente, los reinos llevan las armas de su rey, y así cumplió también Fernando esta costumbre, tras heredar el trono de su madre, la reina Berenguela I de Castilla, en 1217, al que se unió en 1230, tras la muerte de su padre Alfonso IX, el de León. 





Escudo partido               Escudo cortado

Las partes coloreadas 
son las de mayor rango





   Como apunte meramente genealógico, diremos que su abuela materna fue Leonor de Plantagenet, hija de Leonor de Aquitania y Enrique II de Inglaterra. La hermana de su madre era Blanca de Castilla, reina consorte de Francia y madre de Luis IX, igualmente canonizado, como su primo hermano. Y por supuesto, no se puede olvidar que su hijo y sucesor fue el rey Alfonso X el Sabio.

Representación de Alfonso X el Sabio, ataviado con las armas de sus reinos

   A la hora de convertirse en rey de Castilla y posteriormente de León, la opción más lógica sería la de adoptar como armas un escudo partido o cortado con las armas de esos reinos. Así, en la primera partición o corte aparecería uno y en la segunda o segundo, otro, quedando muy clara la precedencia que el rey daba a uno de ellos. 
Escudo de armas cuartelado con las armas de Castilla y de León

   Sin embargo, en un alarde heráldico sin precedentes (y no es frase hecha, sino literal), Fernando III llegó a una conclusión: cuartelar el escudo, de modo que las armas se repetirían en diagonal quedando un reino en primer y último lugar, y el otro en segundo y tercero, respectivamente. Así, las armas del cuartel primero tendrían más precedencia que las segundas, pero también éstas y las terceras tendrían más que las últimas (las cuartas). Se equipara de este modo la importancia que el monarca da a sus dos reinos. Este emblema se aprecia todavía hoy en algunas condecoraciones militares y sellos, aunque se va sustituyendo por el escudo oficial de España.
Modelo antiguo de Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo

   Esta idea, a medida que sus sucesores fueron añadiendo más territorios bajo sus coronas, adoptando sus emblemas, fue creciendo y generando más y más cuarteles. Así, en el escudo de los Reyes Católicos aparecen representados las tierras de Castilla, León, Aragón y Dos-Sicilias.

Derroche heráldico del escudo del II Duque de Buckingham y Chandos

   El escudo con más divisiones, según el blog "Dibujo Heráldico" (cuya lectura recomiendo) cuenta con un total de 719 cuarteles. Sin duda, o se trata de un ejercicio sumo de respeto y reconocimiento a sus raíces, o es simplemente un caso de ostentanción de armas. En cualquier caso, lejano a la intención primigenia del monarca inventor de este sistema, al que quiero recordar hoy. 

   Como siempre, en el medio está la virtud.

Imágenes de Dibujo Heráldico, Todocolección y Foroxerbar