miércoles, 13 de marzo de 2013

Cum clavis

   Ayer, a las cinco y media de la tarde, comenzó efectiva y oficialmente el cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI. De las dos reuniones de los Cardenales, el cónclave es a puerta cerrada con llave (cum clavis) con deliberaciones y votos secretos una vez abierto el período de "sede vacante", mientras que el consistorio no reviste estas exigencias, y suele servir para el nombramiento de nuevos Cardenales, entre otros asuntos.

Hermoso plano de la Basílica de San Pedro del Vaticano durante la
Misa "Pro eligendo Romano Pontifice". Al fondo, los Cardenales.

   Tras haber tenido lugar por la mañana la Misa "Pro eligendo Romano Pontifice", oficiada por el Decano del Colegio Cardenalicio Angelo Sodano, Sus Eminencias iniciaron a las 15:45 su traslado desde la residencia de Santa Marta hasta la Capilla Paolina, donde se reunieron antes de comenzar la procesión solemne hacia la Capilla Sixtina, separadas sólo por un pasillo. 

   En efecto, a las 16:30 dio comienzo esta procesión donde los Cardenales, tras la Cruz Guía que les precedía, tallada en madera procedente del Gólgota, iban accediendo en pareja, a la Capilla ornada con los frescos más famosos de Miguel Ángel, mientras entonaban la versión larga de las Letanías de los Santos. En este caso, tanto el Decano del Colegio Cardenalicio como el Vicedecano Roger Etchegaray no participan en el cónclave, por tener cumplidos 80 años, así que el Cardenal Giovanni Battista Rey cerraba la comitiva. También será él el encargado de preguntar al elegido si acepta el Papado y bajo qué nombre, siempre y cuando no sea él mismo el votado, naturalmente. De hecho, Joseph Ratzinger era Decano cuando fue elegido, y fue el Vicedecano (el actual Decano Sodano) quien le hizo ambas preguntas.

Procesión de Sus Eminencias entre las Capillas Paolina y Sixtina.

   Realmente, el marco es impresionante, y podría decirse que la Capilla Sixtina dota de más solemnidad, si cabe, a estos actos. La Capilla lleva cerrada al público una semana, para que la acondicionen los "floristas", los encargados de decorar y adecentar los espacios de los eventos vaticanos. 

   Una vez todos en sus respectivo asientos, teniendo en cuenta para ello que la precedencia entre Cardenales la marca la antigüedad en el cargo, entonaron el "Veni Creator Spiritu", que también se escucha en las procesiones académicas. Ante el Cristo del Juicio Final prestaron juramento conjunto de secreto so pena de excomunión y después, individualmente, se dirigieron al atril ubicado en el centro de la capilla y, colocando su mano derecha sobre el ejemplar de los Evangelios que allí reposaba, pronunciaron la siguiente fórmula:
"Ego (nombre) Cardinalis (apellido/s) spondeo, voveo ac iuro.
Sic me Deus adiuvet et hace Sancta Dei Evangelia quae manu mea tango"

   Tras haber prestado juramento todos los Cardenales electores, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, Guido Marini, pronuncia la frase "Extra omnes" y los miembros del coro, personal de apoyo y, en general, todo el personal que no sea Cardenal elector, abandona la Capilla Sixtina. Acto seguido, el Maestro de Ceremonias (que por segunda vez consecutiva se apellida Marini, puesto que en el cónclave de 2005 recaía este cargo en Piero Marini) se acercó a las puertas de la Capilla y procedió a su cierre. Con el ruido de la llave cerrando la Sixtina, dio verdadero comienzo el cónclave, y ahora "que sea lo que Dios quiera", nunca mejor dicho.

Monseñor Marini, cerrando las puertas de la Capilla Sixtina para iniciar el cónclave.

   La próxima vez que el mundo vea a los Cardenales, será cuando ya haya sido elegido el Papa y éste haya aceptado, finalizando así el período de "sede vacante". Tal circunstancia será visible para el exterior gracias a la "fumata blanca" acompañada del repicar de las campanas, detalle éste añadido por Juan Pablo II, para evitar problemas si el color del humo fuere ambiguo. Cada día habrá dos "fumatas negras", una al mediodía y otra por la tarde, salvo que un candidato obtenga dos tercios de los votos (para este cónclave, 77), en cuyo caso el humo blanco asomará inmediatamente después de aceptado el pontificado por este candidato.

   El ceremonial que se sigue en estos momentos de vital importancia para la Cristiandad católica es de una riqueza y una solemnidad incuestionables. Y, pese a la necesidad de modernización que pueda existir en la Iglesia como institución, el hecho de que estos ritos sean de tradición inmemorial los dota de mayor valor, a mi modo de ver.

   Como siempre, en el medio está la virtud.

Imágenes de "L'Osservatore Romano"



domingo, 10 de marzo de 2013

Simbólicamente

   En una época donde es motivo de alivio que no se silbe con intención denigrante la interpretación del himno nacional, donde la bandera española sólo se puede exhibir sin miedo a represalias tras una victoria deportiva, y donde el escudo de armas del país es denostado, incluso oficialmente, desde el punto de vista heráldico, es preciso hacer un estudio de los símbolos, siquiera brevemente.

   Los símbolos no son nada en sí mismos: un trozo de tela, unos colores, una partitura. Pero detrás de sí contienen un valor de representación de todo un grupo poblacional, y han de ser respetados por propios y extraños. 

Cesión de personas, pero no de banderas.
  Buen ejemplo de ello es la colocación de las banderas de España y México durante el coloquio del recién investido Presidente Peña Nieto con Su Alteza Real el Príncipe de Asturias. Aquí se ve cómo las personas (contingentes, hoy están y mañana no) sí ceden y así tuvo a bien el Presidente ceder el sitio de la derecha a Don Felipe. Pero las banderas no ceden: primero la del lugar, la oriunda, la que representa a la nación que se está pisando, y después las demás. Hay mucha costumbre de emplear las banderas para gestos de cortesía, lo cual considero un tremendo e irresponsable error. La cortesía es un atributo humano, no extrapolable a las banderas u otros símbolos de tal envergadura. 


   En el ejemplo contrario, recordemos a ciertas jugadoras de fútbol que en  los Juegos Olímpicos de Londres, el pasado verano, se negaban acertadamente a pisar el terreno de juego, con riesgo de que el partido llegara a ser suspendido. ¿Por qué? Pues muy sencillo: en el marcador electrónico aparecía la bandera de Corea del Sur, aunque el equipo que iba a jugar era la selección femenina norcoreana.   


Banderas de Corea del Norte y Corea del Sur. Las diferencias son evidentes.

   ¿Ignorancia? ¿Irreflexión? ¿Atolondramiento? Por desgracia, no importa el motivo, sólo el resultado: la ofensa a dos Estados que, además, en este caso mantienen entre sí una relación peliaguda. Aunque personalmente lo achaco a un lapsus momentáneo, es imperdonable la falta de revisión y cotejo previos. 


   Para saber cuál es la bandera o himno de un país, en eventos de gran calado, será muy aconsejable contar con la colaboración del Ministerio de Exteriores o, como era el caso, si la sede es capital de país (y Londres lo es), nada más directo que contactar con las Embajadas, que facilitarán información fidedigna sobre este extremo. Otra opción fantástica es elaborar con antelación el material. Por ejemplo, la Orquesta Filarmónica de Londres grabó la interpretación de 205 himnos, hazaña en que ocupó más de 50 horas, y fueron esas grabaciones las empleadas en los Juegos Olímpicos. 

Escudo de la Selección Española de Fútbol,
no acorde con el modelo oficial ni con el heráldico tradicional.

   Sin embargo, lo más grave es cuando estos vicios y mala praxis en lo tocante a la utilización de símbolos afecta a los propios, es decir, cuando un himno o una bandera no son respetados en su dignidad y su forma dentro de su país por motivos ideológicos, políticos, sociales, o estéticos.

   Dado que tras estos objetos hay emociones, representatividad y soberanía, tratémoslos como merecen tanto ellos como los conceptos que encierran.

   Como siempre en el medio está la virtud. 



viernes, 1 de marzo de 2013

¿Por quién doblan las campanas?

   Ayer se ha completado un ciclo que llevaba 700 años sin darse y que ha exigido crear un protocolo "ad hoc": un Papa renuncia al pontificado y da comienzo el período de Sede vacante.


Imagen de TVE donde se ve el helicóptero que
aleja al Papa del Vaticano, en primer plano.

   En torno a las 5 de la tarde, con la guardia suiza en formación, Benedicto XVI abandonaba la Ciudad del Vaticano, acompañado por la "familia apostólica": su secretario personal y cuatro seglares consagradas.

   Tras despedirse, entre otros, del Camarlengo y Secretario de Estado (Tarcisio Bertone) en el Vaticano, el todavía Benedicto XVI fue trasladado en coche hasta el helipuerto, donde se despidió del Decano del Colegio cardenalicio (Angelo Sodano). Las campanas de toda Roma empezaron un redoble que significaba, en acertadas palabras de Ana Blanco, que "la Ciudad se despide de Benedicto XVI". Este tañer se mantuvo durante todo el trayecto aéreo hasta la, hasta ahora, residencia de verano del Pontífice.

   Después de su vuelo hasta Castel Gandolfo, fue recibido a pie de helicóptero por las autoridades locales, y trasladado a la residencia papal en la villa, en cuya cúspide ondeaba la bandera vaticana.

Bandera vaticana con el emblema de la sede vacante:
no hay tiara papal porque no hay papa en estos momentos.

   Desde el balcón, ataviado al efecto con un respotero con el escudo del Papa, se despidió con un breve discurso donde dejó claro "No soy Sumo Pontífice... lo soy hasta las 20:00, ya no más", agradeció el cariño y apoyo recibidos, impartió su última bendición como Obispo de Roma y Papa, y se retiró. Así se daba por finalizada su última aparición en público, a diferencia de Gregorio XI, último caso de renuncia papal, en el siglo XIV, quien intervino en la elección de su sucesor y ejerció como Cardenal hasta que murió. Joseph Ratzinger, en cambio, se enclaustrará en el monasterio "Mater Ecclesiae", radicado a pocos metros de la plaza de San Pedro, en el Vaticano.

   A las 20:00, una vez cerrado el portalón del palacio, la Guardia Suiza se retiró de Castel Gandolfo, como primera señal visible del inicio de la sede vacante, ocupando su puesto la policía italiana. Y las campanas de todo el mundo católico repicaron en su adiós al Papa, que pasó a esa misma hora de nuevo a ser sólo Jospeh Ratzinger. El Camarlengo habrá anulado el "anillo pescatorio" y Benedicto XVI ya no existe como tal. De hecho, los apartamentos papales, que hasta hoy venía ocupando el alemán, han sido sellados, y no dejarán de estarlo hasta que haya sido elegido el sucesor de Ratzinger.

Tarcisio Bertone, Cardenal Camarlengo y Secretario de Estado,
encargado de dar comienzo al cónclave con la fórmula "extra omnes" (todos fuera)
   Como Obispo de Roma emérito, el protocolo que se ha improvisado indica que podrá usar sotana blanca (ha de tenerse, no obstante, en cuenta que los Papas vestían de rojo hasta que, en el siglo XVI, Pío V, dominico, quiso mantener el hábito blanco de su orden), mas no esclavina, y que su tratamiento será ya para siempre el de "Su Santidad". Los zapatos rojos, símbolo de la sangre vertida por los mártires y prerrogativa del Santo Padre, se sustituirán por otros de otro color (en este caso, marrones y confeccionados en León, México)

   Ahora, cuando todo el peso recae en Tarcisio Bertone, el canon de la Eucaristía deberá decir "y con el Colegio cardenalicio" en vez de "y con el papa Benedicto"

   Desde una perspectiva más actual, el reflejo que ha tenido esta renuncia se vio en que la cuenta de Twitter @Pontifex (y sus diversas variantes según la lengua empleada) se quedó vacía de publicaciones y cambió su nombre a "Sede vacante", eliminando cualquier rastro digital de Joseph Ratzinger en cuanto que Sumo Pontífice. Lo mismo pasó con la página oficial del Vaticano, que también cambió su portada, sustituyendo el escudo de Benedicto XVI por el de la "sede vacante", referente al Colegio cardenalicio.

Imagen actual de la cuenta de Twitter reservada al Sumo Pontífice, Obispo de Roma.

   Ahora sólo resta que dé comienzo el cónclave con la frase "Extra omnes" y se proceda a las votaciones y fumatas. Al no haber necesidad de organizar funerales ni nada parecido, y sobre todo, al no ser una sorpresa y estar todo previsto desde el 11 de febrero, se podría adelantar la celebración del mismo sin necesidad de esperar los preceptivos 15 días tradicionales. Así lo permitió el propio Benedicto XVI en un "motu proprio" al efecto.

   Intuyo, no obstante, que el día que fallezca Joseph Ratzinger, sí se procederá a un funeral si no de Estado, sí al menos relevante y solemne, con la particularidad de que estará oficiado por un Papa posterior.

   Así pues, la sencillez de la ceremonia de despedida vista hoy, no impedirá que Joseph Ratzinger ocupe en la historia el puesto que ha tenido, y ello habrá de verse reflajado protocolariamente.

   Como siempre, en el medio está la virtud.



lunes, 11 de febrero de 2013

Más papistas que el Papa


   Estamos inmersos en una vorágine de dimisiones, abdicaciones y renuncias, y no sabemos muy bien a qué nos enfrentamos en según qué casos, por lo visto. Entre las dimisiones que se piden y no llegan, las que sí se comentan como ejemplo de coherencia, e incluso los anuncios de abdicaciones de cabezas coronadas como la de Su Majestad Beatriz de los Países Bajos, está el asunto algo confuso.   

  Ha renunciado Joseph Ratzinger a su oficio como Obispo de Roma y, por añadidura, como pontífice. Ésta es la noticia. Cómo se está transmitiendo y debatiendo es otra cosa. 



   Según el Código de Derecho Canónico, en su canon 332,  se establece que "Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie". Y hoy Benedicto XVI ha dado cumplimiento a estos dos requisitos en su aviso de renuncia. 

Por otro lado, en cuanto a la renuncia en general a cualquier oficio religioso, disponen los cánones 187 y 189 que ha de presentarse por alguien en su sano juicio, alegando causa justa (si bien en este caso, al no depender de aceptación, la causa justa la valora el propio renunciante), y en presencia de al menos dos testigos. 



El "anillo del pescador" de Benedicto XVI, en tanto que sello del Sumo Pontífice,
habrá de ser destruido cuando éste presente su renuncia.


   Y hasta aquí lo que hay que ver. No tiene más ciencia. No hay más observaciones al respecto. No hay que liar la maroma y buscar tres pies al gato. 

   Ayer mismo, los medios de comunicación demostraron muy poca labor de documentación y muy poco rigor acerca de la duración de la versión breve del himno. Son 27 segundos, y hubo medios que redondearon a la baja, y otros al alza, pero casi ninguno dio la cifra exacta. Hoy, se repite la historia acerca de cómo debe denominarse a la renuncia del Sumo Pontífice. Unos lo llaman "dimisión", otros lo llaman "abdicación", y alguno habrá que lo llame "paseo por la dehesa". Y lo peor: que cuando son corregidos al respecto, porfían y no cejan en su empeño de perpetuar el error. Incomprensible, máxime habiendo norma escrita a propósito del asunto.

   Como siempre, en el medio está la virtud.




viernes, 21 de septiembre de 2012

Para contestar así... mejor no hacerlo.

 Acabo de enterarme de esta noticia publicada en El Economista donde se recoge una respuesta a una postulación laboral.

   Por una parte, sí es cierto que el correo electrónico remitido por Carlos es claramente genérico. Y los expertos en Recursos Humanos aconsejan informarse previamente sobre datos de la empresa, su labor, e incluso, de ser posible, obtener un nombre o puesto concreto dentro de la misma al que dirigir el "curriculum vitae". Hasta aquí, fallo de Carlos.

Imagen de la conversación entre Carlos y la empresa
 
   Por otra, la respuesta que se le da es exageradamente desagradable, engreída y nada profesional. Para empezar, acusar a una persona por no tutear es directamente incomprensible. Aunque alguien solicite puesto laboral a una persona de menor edad que la suya, el tratamiento correcto es el de "Usted" porque, como decía mi abuela, no hemos desayunado juntos esta mañana, así que no veo de dónde se pueden tomar esas confianzas sin permiso ni trato previos.

   Para continuar, el lenguaje es excesivamente coloquial, con lo cual el propio mensaje didáctico (si es que se pretende tal cosa en esa respuesta) pierde efectividad, dando paso a una relajación absoluta de las formas y, por ende, pérdida vertiginosa de credibilidad por parte de la empresa que contesta.

   Por último, lo que es absolutamente intolerable, ya no sólo desde el punto de vista de la educación, los modales o el respeto, sino incluso desde un enfoque más económico, laboral o de eficiencia, es que la respuesta se dé sin haber leído el perfil profesional de Carlos. Me explico: si Carlos fuese realmente una persona influyente (cosa que no sabemos y no deja de ser posible) podría dedicarse a hundir la imagen de la empresa. Del artículo se colige, de hecho, que la reputación digital de la misma quedó muy dañada a raíz de la repercusión que tuvo en las redes sociales todo este asunto. Y, por otra parte, imaginemos que Carlos fuese el candidato perfecto, efectivamente, y que la empresa responde así dando por sentado que no lo es: la empresa habría perdido un activo muy valioso para sus intereses, dejando de contratar a alguien inmejorable porque ha tenido el error de remitir un correo genérico.
   

Así pues, y dado que se trata de una empresa dedicada a la Comunicación, sólo podemos decir que "en casa del herrero cuchillo de palo", y que Carlos podría haber replicado, perfectamente, algo parecido a esto:

"Viendo que en esta empresa hay tanto tiempo disponible para responder tan prolijamente a mi solicitud laboral, y tomando tal circunstancia como que la carga de trabajo no debe de ser mucha, casi es mejor para mis intereses que hayan descartado mi candidatura, motivo por el cual les doy infinitas gracias. Atentamente, etc."

  Aconsejo a los responsables de la Comunicación de las instituciones públicas y privadas que respiren hondo antes de responder... o no responder, directamente, si las técnicas de relajación no sirven en ese momento.    

   Como siempre, en el medio está la virtud.





domingo, 12 de agosto de 2012

Identifíquese... o no pasa.

   La última noticia que leo sobre Londres pone ante mí un oxímoron de envergadura olímpica, nunca mejor dicho: un miembro de la organización de los Juegos Olímpicos impidió el paso hacia la zona mixta (espacio reservado para deportistas) a Su Majestad Doña Sofía y a Su Alteza Real D. Felipe, ya que carecían de acreditación. No sirvió el argumento de su real identidad y su intención sanísima de felicitar a un deportista español, el taekwondista Nicolás García, por la medalla de plata recién obtenida.


   Aquí está la paradoja a que me refiero: un mal profesional que cumplió indudablemente con su deber. Este galimatías se explica desde dos momentos temporales, aplicando analógicamente la teoría jurídica de la causalidad... muy útil, por otra lado, para establecer las responsabilidades:

- Causa próxima: en ese momento, el responsable de la zona acotada impide diligente y correctamente el paso a personas "a priori" no autorizadas ni identificadas como para acceder a ella. Hasta aquí, todo bien.

- Causa remota: el "pero" es que, siendo miembro de una organización de este calibre, no sólo por su relevancia mediática, sino también por su implicación internacional, la participación de Jefes de Estado y de Gobierno, relaciones diplomáticas, e incluso desde un punto de vista emocional (tanta adrenalina, tensión y sentimientos aflorando a la vez), ha de haber un ejercicio previo de preparación y, si es menester, memorización de rostros.

Nicolás García, con su medalla de plata en taekwondo.

   Porque este incidente sólo puede deberse a dos motivos: el miembro de la organización desconocía a esos miembros de la Familia Real española, o bien sí sabía quiénes eran pero, al no llevar éstos su acreditación, utilizó esta circunstancia para intentar degradar a los regios individuos cortándoles el paso.

   En cualquier caso, ante cuestiones de responsabilidad del tipo "¿Debe saberse él los rostros o debe el Comité Organizador facilitarle una lista con las personalidades de obligado conocimiento?", hay que hacer una apreciación: bien es cierto que no tienen que conocer a la flor y nata de todos los países, pero... ¿no sería esperable que conozcan al menos a los diplomáticamente relevantes? Es decir, los miembros de los Gobiernos, Jefaturas de Estado, Familias Reales, Presidentes de los Comités Olímpicos de cada país son celebridades que no necesitan, como suele decirse, presentación o, en este caso, acreditación. 


   Porque, a quienes se enrocan en el argumento de que no llevaban acreditación y es ésta un elemento imprescindible y nunca soslayable (así debería ser), les pregunto: si fuese Su Graciosa Majestad Isabel II la que quería acceder sin acreditación, ¿también le habría puesto freno? Quizás este sea un ejemplo demasiado excesivo, ya que es súbdito suyo, pero... ¿y si se tratara de David Beckham? ¿Y si fuese Hugh Grant? Quizás habría hecho gala del mismo celo profesional... o no. Dado que hoy finalizan estos Juegos, casi podemos decir que "nunca lo sabremos".

   Como siempre, en el medio está la virtud.






sábado, 28 de julio de 2012

Londres se marca un triple


   Anoche, Londres se convirtió, oficial y definitivamente, en la primera sede olímpica triple, es decir, la primera ciudad en albergar por tercera vez unos Juegos Olímpicos. La Ceremonia inaugural, que comenzó a las 22'00 horas con absoluta puntualidad, constituyó simultáneamente el punto final de la Olimpíada y el punto de partida de los Juegos Olímpicos.

Fuegos pirotécnicos sobre el estadio olímpico para festejar el magno evento
   Tras una primera fase recreando la campiña inglesa, y con una espectacular transformación del espacio, se llegó a una recreación dickensiana de la revolución industrial, que sirvió muy inteligentemente como hilo argumental para la forja del último aro, el cual se elevó hasta completar, junto a sus cuatro compañeros, un símbolo olímpico del que saltaban chispas, literalmente.

   El sentido del humor también hizo acto de presencia de la mano de Rowan Atkinson y de Daniel Craig. De hecho, para la entrada solemne de Su Graciosa Majestad, Isabel II, se hizo uso de un cómico vídeo donde James Bond recoge a la soberana y la escolta en helicóptero hasta el estadio. Momento distendido que dio lugar a una de las escenas climáticas de la noche: recibimiento oficial de la Reina por parte del Presidente del COI, e izado de la bandera de Gran Bretaña mientras un coro de niños sordomudos entonaban el himno “Good save the Queen”. Isabel II ocupó su lugar en la presidencia del palco de honor, junto al Presidente del Comité Olímpico Internacional, segunda autoridad en precedencia del evento.

Isabel II, ovacionada al ocupar su puesto presidencial en el palco

   Mucha música británica (y alguna que no lo era, pero que sonó igualmente) durante toda la ceremonia, y varios homenajes e intervenciones de personalidades destacadas de Reino Unido fueron nota común y lógica de los distintos movimientos, habiéndose de incluir en este grupo no sólo personas presentes, sino también ya desaparecidas o incluso ficticias como Mary Poppins o la Reina de Corazones.

   Todas las actuaciones terminan llevando inexorablemente a otro acontecimiento crucial: desfile de las delegaciones de deportistas. En total, desfilaron 204 países, encabezados por Grecia (prerrogativa que ostenta por ser la cuna histórica de los Juegos Olímpicos). Las delegaciones hacían su entrada por el nombre de cada país en orden alfabético inglés, lengua de Reino Unido, país sede, cuya delegación fue la última en acceder al estadio, en tanto que anfitrión. Cada delegación iba acompañada de su bandera, que se entregaba a un voluntario para que la hincase en algún punto de una colina artificial, y de un niño con una especie de cuerno de la abundancia, cuyo protagonismo se adivinaría más adelante. España desfiló en 172ª posición, siendo abanderado un sonriente y orgulloso Pau Gasol. 

La bandera portada anoche no era la misma que se entregó a Rafael Nadal cuando se le otorgó tal honor (al que tuvo que renunciar porque una lesión le impidió participar en los Juegos), ya que el escudo no estaba centrado, mientras que en la asignada al manacorí sí lo estaba.

   Finalizado el desfile (en el que destaca que, por primera vez, en todas las delegaciones sin excepción hay presencia de atletas femeninas), y durante una actuación musical, decenas de ciclistas ataviados con alas luminosas recorrieron la pista del estadio, en clara alegoría a la paloma de la paz. Posteriormente, otro momento solemne de la noche: los discursos del Presidente del Comité Organizador, del Presidente del Comité Olímpico Internacional y, finalmente, las palabras de la Reina dando por inaugurados los Juegos.

   Sólo faltaban los últimos y necesarios pasos, ya puramente olímpicos: la bandera, portada por personalidades de probada valía y calidad humanas, irrumpe en el estadio y es llevada al pie del mástil más alto, donde se iza al son del himno olímpico. Sólo resta la llegada del fuego sagrado, salido semanas atrás del Templo de Hera, en Grecia. La antorcha, a bordo de una lancha, y custodiada por David Beckham, llega por el Támesis a las inmediaciones del estadio, donde es recogida por el penúltimo relevista. Mientras éste la porta hasta el estadio, en el seno de éste tienen lugar los juramentos olímpicos de una atleta, un juez y, por primera vez, un entrenador.

El original pebetero

   La antorcha hace su entrada triunfal y siete jóvenes atletas, designados a tal fin por igual número de olímpicos británicos veteranos, toman en siete antorchas el fuego y lo acercan, en el centro del estadio, y rodeados de todas las delegaciones de deportistas, a los 204 cuernos de la abundancia que llevaban los niños durante el desfile y que ahora se encuentran al final de otras tantas: da comienzo un reguero de 204 llamas olímpicas que, súbitamente, empiezan a cerrarse y juntarse hasta dar lugar a una gigantesca llama. Y se llega al final con “Hey, Jud”, interpretada por Paul McCartney.

   En mi modesta opinión, y más allá de una escenografía cuidadísima, unos tempos perfectamente marcados y un mensaje histórico y didáctico de autobombo (como suele ser habitual), las partes creativas de la ceremonia se me antojaron algo extremas: ora se narraba con excesiva lentitud los acontecimientos históricos, ora se buscaba la emotividad de un modo un tanto descarado. Aunque cada tipo de público pudo entender y disfrutar partes aisladas de la velada, faltó en cierta medida un mayor carácter universal en la transmisión del mensaje global.


   En definitiva, lo mejor fueron las partes más solemnes y simbólicas, las naturalmente olímpicas, y la base musical, que dotó de mayor energía una representación por momentos lánguida y plomiza. Si bien técnicamente fue una ceremonia impecable, no gozó, a mi juicio, de la espectacularidad de anteriores aperturas, ni despertó en mí sensaciones ni emociones distintas de las previsibles.

   Como siempre, en el medio está la virtud